Corrientes Católica

Monseñor Larregain, en Itatí: “Nuestra Madre siempre nos recuerda que Dios cumple sus promesas y que nunca abandona a sus hijos”

“No permitamos que la desesperanza gane espacio en nuestros corazones” dijo monseñor Rodolfo Larregain, en la Misa Central de este 16 de julio, en el 126 aniversario de la Coronación Pontoficia de Nuestra Señora de Itati. La homilia completa:

Homilía, completa, en el 126 aniversario de la Coronación Pontoficia de Nuestra Señora de Itati:
“Nos congregamos una vez más a los pies de Nuestra Señora de Itatí para celebrar los 126 años de su Coronación Pontificia. Llegamos desde distintos lugares, trayendo en el corazón alegrías y esperanzas, pero también preocupaciones, cansancios y sufrimientos. Venimos como pueblo peregrino para encontrarnos con la Madre que nos acompaña en el camino de la vida y nos conduce siempre hacia su Hijo Jesucristo. El lema que ha iluminado esta novena expresa con profundidad el sentido de nuestra celebración: “Junto a María de Itatí, somos testigos de esperanza y alegría”. No se trata de una consigna pasajera ni de un simple deseo. Es una vocación que nace del Evangelio y que hoy la Palabra de Dios vuelve a proponernos” expresa en su primera parte.

Y continuó: “El profeta Zacarías anuncia una Jerusalén abierta, llena de vida y protegida por la presencia de Dios. Es una ciudad que no vive encerrada en sus miedos, sino sostenida por la promesa del Señor que habita en medio de su pueblo. También nosotros vivimos tiempos complejos. Muchas familias experimentan incertidumbre económica; numerosos jóvenes sienten preocupación por el futuro; no faltan quienes padecen la soledad, la enfermedad o la falta de trabajo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos recuerda que el Señor no abandona a su pueblo. Él sigue caminando con nosotros y continúa sembrando esperanza allí donde parece imponerse el desaliento.

El Magníficat que hemos proclamado es el canto de una mujer creyente que descubre la acción de Dios en la historia. María no niega las dificultades de su tiempo, pero tampoco se deja vencer por ellas. Su mirada está puesta en la fidelidad de Dios. Por eso canta, alaba y se alegra. La verdadera esperanza cristiana no nace de un optimismo ingenuo, sino de la certeza de que Dios sigue actuando en medio de nuestras fragilidades.

En el Evangelio, Jesús nos dice: “Permanezcan en mi amor” y agrega: “Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”. La alegría cristiana no depende de que todo salga bien. Brota del encuentro con Cristo y de la experiencia de sabernos amados por Él. Cuando permanecemos en su amor descubrimos una fuerza interior capaz de sostenernos aun en medio de las pruebas. Y aquí encontramos los grandes tesoros que Dios ha sembrado en nuestro pueblo, verdaderos antídotos frente a las dificultades de nuestro tiempo. El primero es la fe sencilla y perseverante de nuestras familias, que continúan rezando, confiando y buscando a Dios incluso en las circunstancias más adversas. El segundo es la solidaridad, esa capacidad tan propia de nuestro pueblo de tender la mano al que sufre, compartir el pan y acompañar al que está solo. El tercero es la esperanza que nace de la oración y que nos impide resignarnos ante el mal. Y el cuarto es la alegría de la fe, esa alegría serena que ninguna crisis puede apagar porque tiene sus raíces en Dios.

María de Itatí ha sido durante generaciones testigo silenciosa de la historia de nuestro pueblo. Ha visto pasar momentos de prosperidad y también tiempos de dolor. Y siempre ha permanecido aquí, recordándonos que Dios cumple sus promesas y que nunca abandona a sus hijos.

Queridos peregrinos, al celebrar este aniversario de la Coronación Pontificia, renovemos nuestra confianza. No permitamos que la desesperanza gane espacio en nuestros corazones. Caminemos junto a María, sosteniéndonos mutuamente como hermanos. Seamos, en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo, verdaderos testigos de esperanza y alegría.

Que Nuestra Señora de Itatí nos enseñe a mirar el futuro con fe, a vivir el presente con amor y a afrontar las dificultades con la certeza de que el Señor sigue haciendo maravillas en medio de su pueblo. Amén.”

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