Corrientes Católica

El Papa pidió el fin de las guerras y por una humanidad reconciliada en el amor

Durante la misa celebrada en el estadio de Gran Canaria, León XIV invitó a vivir una caridad que promueva la dignidad humana y la integración de las personas, siendo portadores de misericordia y paz.

La víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús reunió a miles de fieles en el estadio de Gran Canaria, donde el papa León XIV presidió una multitudinaria celebración eucarística en el marco de su viaje apostólico a España.


Al comenzar la misa, el Santo Padre recordó especialmente a quienes han perdido la vida en el mar y agradeció el trabajo de las comunidades e instituciones que acompañan a migrantes y personas vulnerables en las Islas Canarias. Además, invitó a los fieles a pedir que el corazón de Cristo inspire sentimientos de compasión y misericordia.

Una caridad que promueve la dignidad de las personas
Durante su predicación, León XIV destacó que el amor de Dios es completamente gratuito y constituye el fundamento de la vocación humana. “Amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia”, afirmó.

El Papa explicó que la verdadera caridad no puede reducirse a un sentimiento pasajero ni a una ayuda asistencial limitada, sino que debe apuntar al desarrollo integral de cada persona. “Nuestra caridad no debe ser mero asistencialismo, sino integrar a las personas, para su plena realización -espiritual, intelectual y física- y su inserción digna y constructiva en la comunidad”.

También recordó que el servicio cristiano debe manifestarse especialmente hacia quienes más sufren. “Especialmente en aquellos más necesitados, indefensos, incapaces de devolver algo a cambio”, señaló al referirse al llamado evangélico a devolver amor por amor.

Humildad, paz y reconciliación para una nueva humanidad
Otro de los ejes de la homilía fue la humildad como camino para alcanzar la paz y la fraternidad. León XIV advirtió sobre los riesgos de la autosuficiencia y el individualismo, que impiden reconocer la necesidad de Dios y de los demás.

“Para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana”, señaló.

Retomando una enseñanza de san Agustín, el pontífice recordó que “donde está la caridad está la paz, y donde está la humildad, allí está la caridad”, destacando que sólo desde el amor y la verdad es posible construir relaciones reconciliadas.

Al concluir la celebración, invitó a los cristianos a convertirse en testigos concretos de la misericordia de Dios y realizó un fuerte llamado por la paz mundial: “Encendidos por la caridad de su corazón, seamos portadores de su misericordia y de su paz”.

Y elevó una súplica que sintetizó el mensaje de la jornada: “Que en el mundo cesen las guerras y crezca a nuestro alrededor una nueva humanidad, reconciliada en el amor”.+

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