Corrientes Católica

León XIV en España: ‘Una sociedad justa defiende toda vida humana, la paz y la libertad’

El Papa se dirigió a los miembros del Parlamento español y afirmó que la vida debe protegerse desde la concepción hasta su fin natural y que la guerra constituye un fracaso para la sociedad.

El papa León XIV se dirigió hoy, lunes 8 de junio, a los miembros del Parlamento español, siendo la primera vez que un papa se dirige a esta institución.

En su discurso, el Papa afirmó que la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión son cuestiones decisivas para toda sociedad verdaderamente democrática.

Antes de su visita al Parlamento español, el Papa se reunió brevemente con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez Pérez-Castejón. El Papa también saludó a varios asesores del presidente del Gobierno. El encuentro privado con el presidente del Gobierno español duró aproximadamente 20 minutos.

Debe reconocerse la dignidad inviolable de la persona humana
En el centro del discurso del Papa León estaba la idea de que toda sociedad verdaderamente justa debe fundamentarse en el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana, que precede a cualquier concesión del Estado y no puede subordinarse a un consenso social cambiante ni a las fluctuaciones de mayorías momentáneas.

Sobre esta base, León XIV expresó su deseo de dirigir unas palabras serenas y decisivas a quienes tienen la grave responsabilidad de organizar legalmente la convivencia social, que, advirtió, puede verse amenazada por una “cultura del descarte”, como señaló repetidamente el papa Francisco.

 

Debemos salvaguardar la vida desde la concepción hasta su fin natural
El Santo Padre preguntó qué futuro pueden tener nuestras sociedades si la vida deja de ser reconocida como un valor fundamental, y si una comunidad deja en la sombra al niño por nacer, al anciano, al enfermo, a quienes sufren en silencio o a quienes dependen totalmente del cuidado de otros.

Afirmó que la defensa de la vida humana no es una cuestión de interés privado ni de confesión religiosa, sino un objetivo de la civilización. En particular, sostuvo que toda vida debe ser reconocida y protegida desde la concepción hasta su fin natural, en todas las circunstancias de su existencia.

Cuando esta certeza se ve oscurecida, explicó, los más vulnerables son las primeras víctimas, y la ley pierde su significado más profundo: servir y proteger a todas las personas.

Proteger el bien común
El Santo Padre señaló que la grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad para acompañar, proteger y cuidar la vida de los más frágiles. Advirtió que, cuando el bien común deja de ser un horizonte compartido, la acción pública corre el riesgo de fragmentarse en intereses parciales, incapaces de salvaguardar lo que pertenece a todos.

Apoyar a la familia fortalece a las naciones
El papa afirmó que “la familia es de particular importancia, ya que constituye la primera realidad humana y el fundamento natural de la comunidad”. Recordó que las generaciones se entrelazan y se transmite una memoria viva que otorga continuidad interna a la sociedad” y afirmó que, “donde se apoya a la familia, también se fortalece la estabilidad espiritual y social de las naciones”.

“La familia siempre será la primera escuela de la humanidad -añadió- donde se aprende antes que en ningún otro lugar, la gramática elemental de la convivencia, y cómo acoger la vida, cuidar de los demás, perdonar, servir y pertenecer”.

León XIV también señaló que “las instituciones educativas desempeñan un papel decisivo en esta tarea. En ellas -reflexionó- las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a cuestionar el sentido de la vida y la dignidad de cada persona”.

Drama trágico de la migración
El Santo Padre reconoció que muchas personas se ven obligadas a dejarlo todo en busca de paz y seguridad, y señaló que el trágico drama de la migración supone hoy “un desafío para la conciencia de las naciones y para los fundamentos éticos del orden internacional”.

Recalcó que “donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos”.

De ahí, subrayó que la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta integral “que sitúe a las personas en el centro, aborde las causas que los obligan a marcharse y vaya más allá de la mera gestión de los flujos migratorios”.

Profunda crisis espiritual y cultural
El Papa advirtió que “el mundo está atravesando una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza mutua”.

Señaló que la paz es “una auténtica necesidad moral que requiere un diálogo público que respete a quienes piensan diferente, instituciones al servicio del encuentro, una memoria histórica que busque la verdad y la reconciliación, y una vida social capaz de cultivar la amistad cívica y el respeto mutuo incluso en medio del desacuerdo”.

Insistió en que la paz mundial “requiere valentía diplomática, responsabilidad ética y una visión de futuro basada en el respeto a la identidad de cada pueblo y en la obligación de los Estados de resolver sus controversias por los medios pacíficos que ofrece el derecho internacional”.

Por este motivo, consideró preocupante que, en diversas partes del mundo, incluida Europa, “el rearme se presente una vez más como una respuesta casi inevitable a la fragilidad de la situación internacional”.

Advertencia sobre la IA y las tecnologías en la guerra
Asimismo, dijo que “el desarrollo de nuevas tecnologías e inteligencia artificial en el ámbito militar también requiere una rigurosa vigilancia ética, para que las decisiones sobre la vida y la muerte nunca se deleguen a sistemas automatizados ni se sustraigan a la responsabilidad moral de la persona humana”.

Pidió redescubrir “el valor indispensable del diálogo como vía paciente hacia acuerdos justos y duraderos, basados en el respeto a los tratados, la transparencia en la acción diplomática y la sincera voluntad de anteponer la paz al recurso a la fuerza”.

La paz no es solo una realidad política o institucional
El Papa subrayó que la paz “no es solo una realidad política o institucional, sino que también nace de la conciencia, donde el resentimiento, la indiferencia y el odio dan paso a la reconciliación”. Por ello, advirtió que quienes ejercen la responsabilidad pública tienen, en consecuencia, la obligación especial de salvaguardar la libertad de expresión para “desarmar el lenguaje” y añadió que la firmeza “no requiere desprecio y que el desacuerdo no implica humillación”.

Libertad de pensamiento, conciencia y religión
“De este respeto por los demás -dijo el Papa-, surge el deber de salvaguardar el espacio en el que maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios”. Explicó que prestar atención a este ámbito interior “permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, un derecho fundamental que protege la esfera más íntima de las personas”.

“La libertad sobre la que se funda el Estado moderno, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la protege jurídicamente”. Además, “esto evita obligar a nadie a renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por motivos de fe”.

Por lo tanto, insistió, “toda sociedad verdaderamente libre también requiere una limitación adecuada del poder público, para que la libertad de las personas, las comunidades y las asociaciones no se vea indebidamente restringida”. Desde esta perspectiva “la fe -subrayó- no busca imponerse mediante privilegios o coacción; sin embargo, tampoco puede relegarse al silencio como si fuera irrelevante para la vida pública”.

Sello sacramental de la confesión
En este contexto, el Papa afirmó que el secreto de confesión “tiene una importancia especial para la Iglesia católica, ya que pertenece al marco más amplio de la libertad religiosa, que garantiza a las comunidades creyentes su propia esfera de vida, organización y disciplina interna”.

“Protegerlo jurídicamente, como se hace de forma análoga en ciertas profesiones, significa preservar un espacio sagrado de libertad interior, donde el creyente pueda abrir su alma a Dios sin temor a presiones externas, como también lo reconocen las normas internacionales”, señaló.

Alzar la mirada para recordar a las personas de carne y hueso
El Santo Padre invitó a los miembros del Parlamento español a “alzar la vista, no para alejarse de la realidad, sino para recordar que cada decisión de las autoridades públicas concierne a personas de carne y hueso”. Los instó a analizar “con mayor profundidad lo que está en juego en cada decisión pública, señalando que, junto con las soluciones técnicas y las reformas legislativas, también es necesaria una renovación moral”.

Finalmente exhortó a España a no perder “la memoria de sus raíces ni el valor de mirar hacia el futuro y seguir siendo una tierra de encuentro, cultura, solidaridad y esperanza”. Elevó además una oración para que “Dios conceda la paz a todas las naciones de la tierra, la concordia a las familias y la serenidad a las conciencias, y que días de prosperidad, paz y justicia cayeran sobre el Reino de España, marcados por la impronta apostólica de Santiago y por la presencia maternal de Nuestra Señora del Pilar”.

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