Corrientes Católica

Monseñor Larregain: “En medio de las olas y los vientos de nuestra vida, aprendamos a mirar a Jesús”

Durante la Misa en honor a San Roque de Montpellier, el arzobispo de Corrientes invitó a la comunidad a fortalecer la fe, perseverar ante las dificultades y convertirse en “providencia” para quienes sufren.

En la celebración de la Santa Misa en honor a San Roque de Montpellier, en su parroquia, Monseñor José Adolfo Larregain centró su homilía en el Evangelio de la mujer cananea y destacó en ella un ejemplo de fe, humildad y perseverancia.

El relato presenta a una mujer que, frente al sufrimiento de su hija, se acerca a Jesús y clama: “Señor, Hijo de David, ten piedad de mí”. A partir de esta escena, el arzobispo señaló que también en la vida cotidiana existen situaciones que desbordan a las personas: problemas familiares, dificultades económicas, enfermedades, preocupaciones por los hijos y nietos y distintas angustias que pueden hacer perder la paz y la esperanza.

En ese contexto, destacó la fuerza de una oración sencilla: “¡Señor, socórreme!”. Una súplica que, según explicó, puede convertirse en la oración de quienes atraviesan momentos en los que sienten que ya no pueden más.

La mujer cananea, sin embargo, no abandona su pedido ante la aparente falta de respuesta. Se mantiene firme, se postra ante Jesús y continúa confiando. Su perseverancia recibe finalmente una de las grandes alabanzas de Jesús: “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”.

Para Monseñor Larregain, este pasaje invita a comprender que la fe no significa ausencia de problemas, sino aprender a permanecer junto a Dios aun cuando no se comprende lo que está sucediendo.

El arzobispo relacionó esta enseñanza con el Evangelio del domingo anterior, cuando Pedro camina sobre las aguas y comienza a hundirse al concentrarse en el viento y las olas. En aquella situación también clama: “Señor, sálvame”, y Jesús extiende su mano para sostenerlo.

“No mires tanto las olas y el viento. Mírame a mí”, expresó Larregain al recordar aquella escena.

En este sentido, señaló que las dificultades forman parte de la vida y que el desafío consiste en mantener la mirada puesta en Jesús, incluso en medio de las preocupaciones. “Problemas vamos a tener siempre, queridos hermanos”, afirmó, al tiempo que invitó a enfrentarlos con fe, cargar la cruz cotidiana y aprender a confiar.

San Roque y el llamado a ser providencia

Al referirse a San Roque, el arzobispo destacó especialmente su entrega a quienes sufrían enfermedades. Según la tradición, San Roque dedicó su vida al cuidado de los enfermos y, después de contraer la lepra, recibió alimento por medio de un perro que diariamente le llevaba un pan.

Para Larregain, este episodio se convierte en una imagen de la providencia de Dios, pero también en un llamado concreto para los cristianos: ser providencia para los demás.

En ese marco, explicó que el pan que se bendice y comparte no debe entenderse solamente como alimento material, sino como una invitación a mirar al que sufre, acompañar al que necesita ayuda y compartir con quienes tienen menos.

“No solamente quedarnos con el pan de cada día”, señaló, al recordar también el valor del Pan de la Palabra y del Pan de la Eucaristía.

La Palabra de Dios y la Eucaristía, explicó, alimentan y fortalecen el espíritu para continuar caminando en medio de las dificultades y, a la vez, poder sostener a otros.

Finalmente, Monseñor Larregain pidió por los enfermos, por quienes atraviesan situaciones de dolor y por todas las personas que solicitaron oración. También encomendó a San Roque a las familias y a toda la comunidad parroquial.

La celebración dejó como mensaje central una invitación a no rendirse en la fe, mirar a Jesús en medio de las dificultades y convertirse en instrumentos de misericordia y solidaridad.

“¡Señor, socórreme!”

San Roque, ruega por nosotros.

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