El pasado 11 de Julio el papa Francisco abre una nueva vía para alcanzar la santidad. Así lo ha establecido en esta carta apostólica con forma de Motu Proprio titulada “Maiorem hac dilectionem”.

Se llama “la vía del ofrecimiento de la vida”. Reconoce la santidad de quienes han ofrecido su vida por el Evangelio y por los demás y han fallecido como consecuencia de ello. Sería, por ejemplo, el caso de una persona que se ha consagrado al cuidado de leprosos, se ha contagiado y muerto por esa enfermedad.
Hasta ahora, existían tres caminos por los que una persona podría ser elevada a la categoría de beato o santo: El martirio para personas asesinadas por odio a la fe; la práctica de forma heroica de las virtudes; y, por último, la canonización equivalente, fruto de la devoción hacia el candidato y fórmula por la que el Papa confirma un culto que ya existente.

Con este Motu Proprio, Francisco introduce una nueva vía a mitad de camino entre el martirio y las virtudes heroicas. A diferencia de la vía del martirio sí requiere de un milagro atribuido a la intercesión de la persona para su beatificación y otro para su canonización.

En entrevista con AICA la postuladora de causas de beatificación y canonización, Silvia Correale, habló sobre el motu proprio Maiorem hac dilectionem que incluye el ofrecimiento de la propia vida por el prójimo y amor a Jesús como una nueva causa para abrir el proceso de beatificación de una persona.

“Este nuevo camino permite resolver muchos casos ambiguos”, explicó Correale, quien trabajó en los procesos del Santo Cura Brochero y de la beata Mama Antula. “Así no hay necesidad, por ejemplo, de que haya un perseguidor, no hay necesidad de que haya odio a la fe”, afirmó.

La postuladora agregó que con la nueva disposición “no hay necesidad de que haya efusión de la sangre, como prevé el martirio. Es suficiente demostrar la relación causa y efecto entre el ofrecimiento de la propia vida y la muerte prematura y aceptada por amor a Dios y a los hermanos”.

“Es cierto que los fieles que ofrecen en modo heroico la vida, sostenidos por la caridad, expresan una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo”, afirmó y continuó: “Por lo tanto, merecen la admiración que la comunidad eclesial reserva a quienes han aceptado el martirio de sangre o han ejercitado en grado heroico las virtudes cristianas, y para quienes se puede abrir una causa de beatificación y canonización según en la normativa canónica vigente”.

Correale manifestó que este motu propio “modifica normas que estaban vigentes desde hace siglos”. A las modalidades previamente existentes, ahora se le suma una nueva: la del ofrecimiento de la vida.

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El papa Francisco, a través del motu propio Maiorem hac dilectionem, establece que los fieles que han ofrecido sus vidas por el prójimo libre y voluntariamente “siguiendo más de cerca las huellas y las enseñanzas del Señor Jesús” y han perseverado hasta la muerte cierta y prematura, tengan una via de beatificación específica.

Porque es cierto que los fieles que ofrecen en modo heróico la vida, sostenidos por la caridad, expresan una verdadera, plena y ejemplar imitación de Cristo y, por lo tanto, merecen la admiración que la comunidad eclesial reserva a quienes han aceptado el martirio de sangre o han ejercitado en grado heroico las virtudes cristianas y para quienes se puede abrir una causa de beatificación y canonización según en la normativa canónica vigente.

Este motu propio modifica normas que estaban vigentes desde hace siglos ya que hasta ahora la Iglesia católica establecía que se podía proceder a la beatificación y canonización de un Siervo o Sierva de Dios por martirio o por virtudes heroicas y también por la confirmación de un culto antiguo (beatificación equipolente) en los “casus excepti”, así denominados por el Código de Derecho Canónico de 1917, sin realizar investigaciones específicas y sin la necesidad de comprobar un milagro por la intercesión de dicho Siervo o Sierva de Dios.

A estas modalidades desde ayer se une una nueva: la del ofrecimiento de la vida.

Si bien la reflexión sobre estos casos inicia con el papa Benedicto XIV que no excluía del honor de los altares a aquellos que habían dado la vida en un acto de caridad, como por ejemplo la asistencia a los enfermos de epidemias que provocaban un contagio capaz de causar la muerte segura, la Congregación de las Causas de los Santos, siguiendo esta orientación, a partir del 2014 inició a interrogarse si eran merecedores de una causa de beatificación también los fieles que, inspirándose al ejemplo de Cristo, ofrecían sus vidas libre y voluntariamente en el servicio a sus hermanos mediante un acto supremo de caridad que provocaba en modo directo la muerte.

Esta reflexión surgió por las dificultades encontradas durante el desarrollo en fase romana de algunas causas de beatificación que se iniciaban en fase diocesana por martirio y luego había que pasar a la via de la heroicidad de las virtudes. Por ejemplo, en el caso de San Maximiliano Kolbe, que fue beatificado por la heroicidad de la vida y de las virtudes y luego fue canonizado por martirio.

Este nuevo camino permite resolver muchos casos ambiguos, porque así no hay necesidad, por ejemplo, de que haya un perseguidor, no hay necesidad de que haya odio a la fe (odium fidei). Sobre todo, no hay necesidad de que haya efusión de la sangre, como prevé el martirio. Es suficiente demostrar la relación causa y efecto entre el ofrecimiento de la propia vida y la muerte prematura y aceptada por amor a Dios y a los hermanos (propter caritatem – art. 2).

Para que proceda esta nueva vía son necesarios cuatro requisitos:
1. Debe ser un ofrecimiento libre y voluntario de la vida, ofrecimiento de heroica aceptación ‘propter caritatem’, es decir por la caridad, por el amor a Dios y al prójimo, de una muerte segura y a corto plazo. Tiene que existir una relación entre el ofrecimiento de la vida y la muerte prematura.
2. Se debe comprobar el ejercicio de las virtudes cristianas en grado ordinario antes del ofrecimiento de la vida.
3. Existencia de la fama de santidad o de signos almenos después de la muerte.
4. Se debe comprobar la existencia de un milagro por intercesión del Siervo o de la Sierva de Dios después de la muerte para la beatificación y otro milagro para la canonización.

Fuente AICA -Rome Reports