En la noche del Viernes Santo, la comunidad arquidiocesana de Buenos Aires participó del tradicional Vía Crucis de la Ciudad, que convocó a una multitud de fieles, junto a consagradas, sacerdotes, seminaristas y obispos auxiliares. La celebración fue presidida por el arzobispo porteño, monseñor Jorge García Cuerva.
El recorrido comenzó en la intersección de Avenida de Mayo y Bernardo de Irigoyen, avanzó por el centro porteño pasando frente al Cabildo y la Casa Rosada, y culminó en la catedral metropolitana, donde el arzobispo dirigió un mensaje a los presentes.
Paz desarmada y desarmante
En su reflexión, monseñor García Cuerva vinculó el sentido del viacrucis con la realidad actual, marcada -según expresó- por la violencia y los conflictos. Retomando una invitación del papa León XIV, llamó a ser “constructores de una paz desarmada y desarmante”, promoviendo gestos concretos de reconciliación en la vida cotidiana.

El arzobispo porteño hizo hincapié en distintas expresiones de violencia presentes tanto en la escena evangélica como en la sociedad actual. Mencionó, entre ellas, la agresión física, las palabras hirientes y las actitudes de condena hacia los demás, y advirtió sobre su reproducción en ámbitos como la vida familiar y las redes sociales.
Frente a ese panorama, monseñor García Cuerva propuso recuperar gestos que construyen la paz. Destacó, en primer lugar, el “abrazo de Jesús a la cruz”, como signo de compromiso con el dolor propio y ajeno, e invitó a traducirlo en cercanía con quienes sufren, especialmente los más vulnerables.
También subrayó el valor de la ternura, evocando el encuentro entre Jesús y su madre, e insistió en la necesidad de una cultura del encuentro que permita sanar heridas sociales. En esa línea, retomó el llamado a la “revolución de la ternura”, impulsado por el papa Francisco.
“Hay muchos hermanos en la cruz”
Asimismo, resaltó el gesto de José de Arimatea al hacerse cargo del cuerpo de Jesús, como ejemplo de atención hacia quienes son marginados o ignorados. “Hoy hay muchos hermanos en la cruz, muchos ‘nadie’ de los que pocos se ocupan”, afirmó.

Antes de finalizar, el arzobispo recordó el olivo plantado frente a la plaza por el entonces cardenal Jorge Bergoglio, junto a referentes de otros credos, como signo de paz y diálogo interreligioso.
En un clima de recogimiento, marcado por una tenue lluvia, monseñor García Cuerva invitó a asumir un compromiso personal y comunitario: “Seamos instrumentos de paz y comprometámonos a construir una sociedad más fraterna”, concluyó, y alentó a que el dolor por la violencia impulse a trabajar por la unidad y el bien común.+



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