Se caminan más de 90 kilómetros entre veredas rocosas y frío extremo, cuenta Alberto Bravo, otro peregrino

Foto / e-consulta
Miguel Ceballos
Miércoles, Diciembre 11, 2024
“Vengo enferma, vengo con cáncer, y no me derrota, porque mi fe es muy grande… yo soy guadalupana”.
La fe mueve montañas y para muestra Alicia Meneses, una de los miles de peregrinos guadalupanos que año con año van desde Puebla a la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, en un recorrido a pie lleno de inclemencias a través de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl.
Pero nada de eso importa para los guadalupanos como Alicia, quien, pese a que desde hace 12 años vive con cáncer, no falta a la cita con la Morenita del Tepeyac.

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“Tengo cáncer, cáncer de mama, hace dos años me quitaron el seno, pero hace como 6 años, 8 años tuve cáncer en el colon, me habían desahuciado… Mi esposo falleció hace un año, hace un año vine con mucho dolor en el alma, falleció mi esposo y aun así me vine”, relata Alicia con lágrimas en los ojos, pero con un semblante sereno, en medio de la caminata.
El viaje es de tres días por el llamado Paso de Cortés, es decir, la ruta que utilizaron mensajeros y comerciantes aztecas e incluso el mismo Hernán Cortés para llegar a la Gran Tenochtitlan.
Se caminan más de 90 kilómetros entre veredas rocosas y frío extremo, cuenta Alberto Bravo, otro peregrino guadalupano.
“El camino es como siempre, pesado y riesgoso y sí nos ha costado, y peregrino porque ya llevo más de 30 años, desde la primera vez que llevo hasta ahorita… Llegas cansado, llegas con ámpulas de los pies, te deshidratas, arriba te puedes encontrar con varios tipos de cosas, piedras, pisas una piedra en falso y se te puede doblar el tobillo y ya no puedes caminar”.
La última comunidad en Puebla antes de adentrarse a la zona de volcanes es Santiago Xalitzintla, el municipio más cercano al Popocatépetl, ahí algunos acampan para retomar fuerzas y luego, antes del amanecer, emprender de nuevo el viaje.
Luego en grupos de amigos o familia, ataviados con ropa térmica, dos o tres chamarras, gorros y guantes… casas de campaña y algunos hasta con gigantescas esculturas de la virgen, los peregrinos avanzan a paso firme, unos como manda y otros más solo para dar gracias a La Morenita por los favores recibidos durante el año.
“El camino puede estar pésimo, pero cuando vienes con fe y devoción es lo que nos hace ver todo hermoso, todo bonito… es una sensación muy bonita y muy padre el venir caminando y llegar hasta allá, a la Basílica de Guadalupe, con el cansancio, ámpulas, dolor de pies, pero la verdad es una sensación muy hermosa”, cuenta el poblano Gabriel Munive mientras camina rumbo a la Basílica de Guadalupe.
Se estima que son poblanos entre 5 por ciento y 6 por ciento del total de peregrinos que cada año visitan a la Virgen de Guadalupe en la Ciudad México, ya sea través de la autopista México-Puebla o bien por la ruta de Paso de Cortés. (MIG)
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