
Tras la clausura de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina a mediados de marzo, el papa León XIV se reunió hoy con los atletas italianos que participaron en el acontecimiento deportivo más importante del mundo.
En su discurso, el Papa afirmó que la competición difundió un “noble mensaje humano, cultural y espiritual” por todo el mundo.
“Cuando se vive con autenticidad, el deporte no se queda en una mera actuación”, afirmó. “Es una forma de lenguaje, una historia hecha de gestos, esfuerzo, espera, caídas y nuevos comienzos”.
Los atletas exhibieron sus cuerpos bien entrenados, pero también sus historias de sacrificio, disciplina y perseverancia, agregó.
“En las competiciones paralímpicas en particular -dijo- observamos cómo la limitación puede convertirse en un lugar de revelación: no algo que obstaculice a la persona, sino algo que puede transformarse, incluso transfigurarse, en cualidades redescubiertas”.
León XIV elogió la solidaridad de los atletas con los muchos hombres y mujeres de sus familias y equipos que apoyaron su trayectoria deportiva.

Según él, el deporte ayuda a madurar el carácter y requiere una sólida espiritualidad, pues los atletas aprenden a conocer su cuerpo sin idealizarlo y a controlar sus emociones.
“Al entrenar la mente junto con las extremidades, el deporte es auténtico cuando sigue siendo humano, es decir, cuando se mantiene fiel a su vocación original: ser una escuela de vida y de talento”, afirmó.
El deporte nos enseña que el verdadero éxito se mide por la calidad de nuestras relaciones, el respeto mutuo y la alegría compartida, añadió el Papa.
Armonía entre el cuerpo y el espíritu
El Santo Padre hizo hincapié en la necesidad de cultivar la armonía entre cuerpo y espíritu. Solo así podremos alcanzar la “vida abundante” de la que habla el Evangelio y que León XIV eligió como título de su carta al inicio de los Juegos Olímpicos. Reconoció que el deporte puede forjar el carácter, pero requiere una sólida vida espiritual. Esto lo convierte en una forma eficaz de educación. “A través del deporte, aprendemos a conocer nuestro propio cuerpo sin idolatrarlo, a controlar nuestras emociones, a competir sin perder el espíritu de fraternidad, a aceptar la derrota sin desesperación y la victoria sin arrogancia”.

“Al desarrollar la mente y el cuerpo -continuó el Papa- el deporte es auténtico cuando permanece humano, es decir, fiel a su vocación original: ser una escuela de vida y talento. Una escuela donde aprendemos que el verdadero éxito se mide por la calidad de las relaciones: no por el número de premios, sino por el respeto mutuo, la alegría compartida del juego”.
Se puede competir sin odio
Recordó la antigua tradición de la tregua olímpica y afirmó que su valor sigue vigente en nuestra época, marcada por la polarización, la rivalidad y el conflicto.
“Con su presencia”, les dijo a los atletas, “hicieron visible esta posibilidad de paz como una profecía que dista mucho de ser retórica: romper la lógica de la violencia para promover la del encuentro”.
Al mismo tiempo, agregó que el deporte conlleva la tentación de ganar a toda costa, incluso mediante el dopaje, o de sucumbir a las fuerzas del mercado que elevan a los atletas a la categoría de celebridades o los reducen a una imagen o un número.

El Papa señaló que los Juegos Olímpicos de Invierno demostraron “que se puede competir sin odio, que se puede ganar sin humillación, que se puede perder sin perderse a uno mismo. Y esto no solo se aplica al deporte, sino también a la vida social, la política y las relaciones entre las naciones. Porque el deporte, si se practica con dedicación, se convierte en un laboratorio de humanidad reconciliada, donde la diversidad no es una amenaza, sino un tesoro”.
Tu testimonio inspira a la gente
León XIV también destacó la importancia del testimonio personal de los atletas, un testimonio de un estilo de vida honesto y hermoso. Sus luchas en Milán y Cortina fueron “una historia compuesta de gestos, esfuerzos, expectativas, caídas y reinicios. Durante los Juegos, no solo vimos cuerpos en movimiento, sino historias: historias de sacrificio, disciplina y perseverancia. Especialmente durante las competiciones paralímpicas, observamos cómo la limitación puede convertirse en un espacio de revelación: no algo que frene a una persona, sino algo que puede transformarse, incluso transformarse en nuevas fortalezas. Ustedes, atletas, se han convertido en biografías que inspiran a muchas personas”.+



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