Corrientes Católica

Las Hermanas del Buen Pastor acompañan y cuidan a víctimas de violencia doméstica en Europa

En Malta y Portugal, las religiosas comparten la vida con mujeres, niñas y niños que atraviesan situaciones de violencia, exclusión y pobreza, ofreciendo refugio, contención y esperanza.

Entre el dolor que deja la violencia doméstica y las heridas profundas que provoca la marginación social, las Hermanas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor continúan una silenciosa pero incansable misión de cuidado y acompañamiento en Malta y Portugal. Siguiendo el carisma de su fundadora, Santa María Eufrasia Pelletier, las religiosas trabajan para llevar sanación, dignidad y esperanza a mujeres, niñas y familias vulnerables.

Según relatan sor Doris Saliba, en Malta, y sor María Rosario, en Portugal, la labor de las Hermanas del Buen Pastor se basa en una profunda obra de misericordia que responde a las realidades más urgentes de la sociedad actual: la violencia doméstica, la pobreza, el abandono y la segregación social.

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Un refugio en medio de la tempestad en Malta

En Malta, sor Doris Saliba lleva más de 40 años ayudando a mujeres y niñas a escapar de situaciones de violencia doméstica. Como directora de la fundación Good Shepherd Sisters, coordina un refugio que ofrece protección inmediata y un espacio seguro para comenzar a reconstruir la vida.

“Acogemos a las mujeres y a sus hijos a cualquier hora, de día o de noche. Muchas llegan traumatizadas, con lo puesto. Lo primero que necesitan es paz”, explicó. El refugio brinda alojamiento por hasta seis meses, junto con acompañamiento psicológico, asesoramiento legal y ayuda para conseguir trabajo y vivienda. Gran parte de las mujeres llegan derivadas por servicios estatales o la policía.

La congregación trabaja en estrecha colaboración con los servicios sociales del Gobierno maltés, que aporta parte del financiamiento, aunque también dependen de la solidaridad de la comunidad, que colabora con alimentos, ropa y donaciones. “No siempre es fácil, pero Dios siempre provee”, aseguró sor Doris, destacando el valor de la escucha, la oración y la presencia cotidiana como pilares del acompañamiento.

Cuidar con “corazón de madre” en Portugal

En Portugal, sor María Rosario acompaña a niños y jóvenes madres en situación de extrema vulnerabilidad, muchos de ellos derivados por los servicios sociales tras haber vivido abandono, violencia o pobreza severa.

“Aquí encuentran comida, amor y estabilidad. Van al colegio, aprenden y crecen sabiendo que son queridos”, expresó la religiosa, quien define su vocación como la de una madre para todos los residentes. Los niños pueden permanecer en el centro hasta los 18 o 21 años, recibiendo apoyo emocional y educativo junto a docentes, psicólogos y asistentes sociales.

Al igual que en Malta, las hermanas dependen en gran medida de la generosidad de la comunidad local, supermercados y donantes, y también comparten lo recibido con familias pobres que viven fuera de la institución.

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Una misión que se adapta a los tiempos

Las religiosas coinciden en que su apostolado ha evolucionado con el tiempo, pasando de la atención a madres solteras a una respuesta integral frente a la violencia doméstica, la migración y otras emergencias sociales. “Nuestro apostolado cambia según las necesidades de la sociedad, siempre abiertos a la guía del Espíritu”, señaló sor Doris, subrayando la importancia de la sinodalidad y el trabajo conjunto con laicos y diócesis.

Desde Malta y Portugal, las Hermanas del Buen Pastor continúan dando testimonio de una Iglesia cercana, que acompaña el sufrimiento humano y transforma el dolor en caminos de esperanza.

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