En un contexto marcado por la guerra y el sufrimiento prolongado, el presidente de la Conferencia Episcopal de rito latino en Ucrania, monseñor Vitalij Skomarovskyj, reflexionó sobre el mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero, subrayando que el anhelo más profundo del pueblo ucraniano es el fin del conflicto y el regreso de la paz.
“El mensaje del Papa llega en un momento extremadamente difícil”, señaló el prelado, al recordar que el mundo atraviesa una multiplicidad de guerras y conflictos que configuran lo que ya se ha definido como una “tercera guerra mundial por partes”. En ese escenario, destacó que la voz del Santo Padre no es política, sino pastoral y moral. “Los políticos hablan de la paz a su manera, pero el Papa quiso que no faltara la voz de Dios en este coro”, afirmó.
Skomarovskyj explicó que el mensaje pontificio propone una “paz desarmada”, la paz de Cristo resucitado, que solo puede construirse donde reinan la confianza, el amor y la fraternidad entre las personas. Cuando esos valores faltan, advirtió, la llamada paz política suele apoyarse únicamente en el equilibrio de armamentos y otras lógicas de poder. “Es una paz frágil”, remarcó, tal como lo advierte el propio Papa.
Desde la mirada ucraniana, la reflexión adquiere un sentido particular. “Leemos este mensaje en una situación de guerra, mientras defendemos nuestra patria”, expresó el obispo, y señaló que la percepción sería distinta si el conflicto no existiera o estuviera lejos. Sin embargo, resaltó que el Papa marca un camino claro hacia una paz verdadera, aun cuando la guerra continúa. “Nos invita a no olvidar la dirección a seguir: una paz plena, basada en la confianza y la fraternidad”, sostuvo.
El presidente del episcopado latino en Ucrania también alertó sobre el deterioro del derecho internacional y las “relaciones irracionales entre los pueblos”, agravadas —según dijo— por la agresión rusa, que compromete seriamente el sistema internacional construido durante décadas. A esto se suma, señaló, una nueva dimensión del conflicto: las guerras de la información, donde incluso las palabras y los pensamientos se convierten en armas.
Pese a todo, el mensaje del Papa trae esperanza. “El bien al final siempre vencerá, y por eso vale la pena luchar”, afirmó Skomarovskyj. En ese sentido, destacó que es posible cultivar la paz interior incluso en medio de la guerra, ya que se trata de un don de Dios que no depende de las circunstancias externas. “Dios no ha abandonado a los ucranianos”, aseguró.
El obispo reconoció que el dolor es profundo: pérdidas humanas, desplazamientos y la constante sensación de inseguridad forman parte de la vida cotidiana. Sin embargo, subrayó el esfuerzo por no dejar que el odio, el rencor o el deseo de venganza se apoderen de los corazones. “Dios nos sostiene para que el amor por nuestros seres queridos y por la Patria sea más fuerte”, afirmó.
Finalmente, Skomarovskyj puso el acento en el sufrimiento de los niños, a quienes el Papa menciona especialmente en su mensaje. “Los niños no tienen culpa de lo que viven y, sin embargo, sufren inmensamente”, dijo, al recordar a quienes han perdido a sus padres y cuyas heridas marcarán el futuro. Por ello, concluyó con un llamado claro: “Los ucranianos no desean nada más que el fin de esta guerra y la llegada de la paz y la serenidad”.


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