En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, el arzobispo de Corrientes, monseñor José Adolfo Larregain, participó este jueves de una invocación religiosa realizada en la Plaza Vera, donde convocó a renovar el compromiso por la vida, la libertad y la esperanza frente a la problemática de las adicciones y el narcotráfico.
La actividad fue organizada por la Mesa Territorial sobre Consumos Problemáticos Corrientes, integrada por diversas organizaciones sociales, comunitarias y religiosas, entre ellas Cáritas Arquidiocesana y la Comisión de Justicia y Paz.
Durante su mensaje, Larregain destacó el valor de que distintas tradiciones religiosas y espirituales se hayan reunido “unidas por una convicción profunda: toda vida humana es sagrada, toda persona merece ser cuidada y ninguna situación de sufrimiento tiene la última palabra”.
Apoyado en el Evangelio de San Juan, el arzobispo recordó las palabras de Jesús: “He venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10), y afirmó que el narcotráfico y las adicciones “hieren profundamente ese proyecto porque afectan la dignidad de las personas, destruyen vínculos familiares, debilitan el tejido social y siembran sufrimiento en nuestras comunidades”.
No obstante, transmitió un mensaje de esperanza al sostener que “allí donde parece imponerse la oscuridad, puede encenderse una luz; donde hay dependencia, puede abrirse un camino de libertad; y donde hay desesperanza, puede renacer la confianza”. Además, remarcó que “cada persona es más grande que sus heridas y siempre puede encontrar oportunidades para recomenzar”.
Durante el encuentro también se elevaron oraciones por las personas que padecen consumos problemáticos, sus familias, los niños y jóvenes, los trabajadores de la salud, la educación, la justicia y las fuerzas de seguridad, así como por quienes perdieron la vida a causa de la violencia vinculada al narcotráfico.
Al finalizar la ceremonia, Larregain agradeció especialmente a quienes trabajan de manera cotidiana en pastorales de adicciones, hogares de recuperación, centros asistenciales, comunidades terapéuticas y organizaciones sociales. “Su servicio testimonia que el amor es más fuerte que el abandono y que siempre es posible tender una mano al hermano que sufre”, expresó.
La jornada concluyó con una oración en la que el arzobispo pidió a Dios fortalecer los corazones para defender la dignidad de cada persona e inspirar caminos de fraternidad, solidaridad y paz, con el objetivo de construir “una sociedad libre de la violencia, del narcotráfico y de toda forma de esclavitud”.



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